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13 de junio de 2008

Las Fuentes en la Nueva Historia

N. Xochitl Calleros García*


Introducción

Con la interdisciplinariedad de los nuevos tiempos se han desarrollado nuevas corrientes dentro de las disciplinas. La historia no está ajena a estos aconteceres, y dada su estrecha relación con las ciencias sociales, empezó a poner atención a elementos que antes no eran tomados en cuenta. Es así como dentro de la nueva historia se integran fuentes que no necesariamente tienen que ser una evidencia documental.

En el presente ensayo se abordaran esas relaciones interdisciplinarias, la Nueva historia y sus nuevas fuentes, así como la problemática que estas acarrean al ser objeto de impugnaciones en cuanto a su objetividad.

La Nueva Historia

Previo a abordar el tema de las fuentes en la Nueva Historia es necesario fijar ciertos conceptos y relaciones interdisciplinarias. En primer término conviene precisar que la historia guarda una especial relación con las ciencias sociales ya que ambas tienen el mismo objeto de estudio: el hombre. Sin embargo, la historia lo estudia a través del tiempo mientras que las ciencias sociales lo abordan dentro de su contexto social.

Otro aspecto importante es la investigación histórica en donde es conveniente establecer “se refiere a la combinación de un lugar social, de prácticas ‘científicas’ y de una escritura… La escritura histórica se construye en función de una institución cuya organización parece invertir: obedece, en efecto, a reglas propias que exigen ser examinadas en sí mismas”.[1]

Ahora bien la Nueva historia surgió en oposición a la historia tradicional en la cual su objeto primordial es la cuestión política, a diferencia de la primera que aborda cualquier actividad humana. Asimismo la nueva historia se enfoca en hacer un análisis de estructuras más que de describir los acontecimientos y lo hace desde abajo, es decir, con la participación de gente común y corriente más que de los grandes personajes. Se habla también del Relativismo cultural, es decir de la imposibilidad de la historia de ser objetiva totalmente y acepta cierta subjetividad en ella. Se interesa por los movimientos colectivos igual que por las acciones individuales, es decir, tanto por tendencias como por acontecimientos.

Pero sobre todo, lo que más nos interesa en este caso de la Nueva Historia es el uso de las fuentes, en donde en contraposición de la historia tradicional que se basaba únicamente en los documentos, “el movimiento de la historia desde abajo presentó por su parte, las limitaciones de este tipo de documentación. Los registros oficiales expresan, por lo general, el punto de vista oficial. Para reconstruir las actitudes de herejes y rebeldes, tales registros requieren el complemento de otras clases de fuentes”.[2]

Las Fuentes en la Nueva Historia

Estas otras clases de fuentes como pueden ser las orales, fuentes primarias de la Historia oral, ya que no son documentos escritos sino orales, y pueden ser varias, los testimonios, las tradiciones, las canciones, los refranes, y una de las más importantes, la entrevista que se define como el “proceso por medio del cual el investigador busca crear una evidencia histórica a través de la conversación con una persona cuya experiencia de vida es considerada memorable”.[3]

Las imágenes son otra de las nuevas fuentes están comprendidas por la fotografía o la pintura, el cine es decir “todo aquello que manifieste una representación e incluso un imaginario”.[4]

Además esta la lectura entre líneas de documentos oficiales, que permiten tener otro ángulo de lo ya establecido e interpretado para transformarlo en un resultado más analítico y las fuentes estadísticas que permiten tener un resultado cuantitativo de la investigación.

Las fuentes anteriormente citadas son las que en la historia tradicional no tienen ningún sentido ya que no se tratan de evidencias documentales. Sin embargo estas nuevas fuentes representan una problemática en el estudio histórico, puesto que se alega que la influencia que pueda tener el historiador en las mismas, aleja la investigación de la mínima objetividad que se requiere. En el caso de las pruebas orales, “se ha debatido el problema de la influencia del historiador-entrevistador y de la situación de entrevista en las declaraciones del testigo. Sin embargo, hay que tener la honradez de admitir que la crítica de los testimonios orales no ha alcanzado la complejidad de la crítica documental”.[5] Una situación similar se vive con las fotografías en donde se alega la falta de objetividad ya que el fotógrafo es quien hace la selección de la imagen en base a sus creencias, sentimientos, y preocupaciones.

Conclusiones

La relación que ha tenido la Historia con otras ciencias ha permitido que nazcan nuevas corrientes historiográficas y que se tomen en cuenta nuevos elementos para la investigación, lo que beneficia en gran manera a los nuevos historiadores que a diferencia de sus antecesores tienen más campo en el que desarrollar sus inquietudes, a pesar de las críticas que estas fuentes nuevas puedan merecer.


Notas

* Taller de Investigación Histórica. Grupo 362. Licenciatura en Historia. Tijuana, B. C., a 07 de junio de 2008.

[1] Michel De Certeau, “Capítulo II. La operación historiográfica”, en La escritura de la historia. (México: Departamento de Historia-Universidad Iberoamericana, 1993), p. 68.
[2] Peter Burke, “Capítulo 1. Obertura: La nueva historia, su pasado y su futuro”, en Formas de hacer historia, editado por Peter Burke (Barcelona: Alianza Universidad, 1999), p. 16.
[3] Graziella Altamirano, “Metodología y practica de la entrevista” en La historia con micrófono, coordinado por Graciela de Garay (México: Instituto Mora, 1999),. 67.
[4]José Ronzón, “La imagen como fuente para la historiografía. Construcción de significados”, en Reflexiones en torno a la historiografía contemporánea. Objetos, fuentes y usos del pasado, coordinado por José Ronzón y Saúl Jerónimo (México: UAM, 2002).
[5] Burke, “Capítulo 1. Obertura…”, 27-28.

11 de junio de 2008

De la pertinencia del historiador en el fortalecimiento del presente con el pasado

Tomas Alba Servin*


Introducción

Hoy en día, podemos decir que el orden actual es objeto de crítica y de diversos enfrentamientos, mismos que trascienden mas allá de lo palpable y lo visible, dando forma a la conducta humana y su injerencia en la constitución de la sociedad. Sin embargo, para el historiador es difícil establecer un señalamiento y una significación de este orden, sobre todo ante su constitución y desarrollo, y a su vez, los obstáculos que han intercedido al encontrar la respuesta de lo que implica el concepto ¨moderno¨ y su alcance en la Historia. Por ello, el presente trabajo busca encontrar la relación entre lo actual y el pasado segregado, la relación posible para el establecimiento del mismo orden, o la reestructuración de este, bajo la incursión del historiador.

Ciencia-Historia-Sociedad

La ruta al hacer una investigación deber de ser llevada de acuerdo al objeto de estudio. Este es el único que puede decirnos las técnicas, fuentes y desde luego, la metodología a utilizar. La temática o mejor dicho, la pregunta inicial de investigación, es el eje central de la incursión del historiador en el pasado, es decir, es el pretexto para dialogar con él, hacerle hablar, cuestionarlo, pero también, reconstruirlo. Al utilizar este termino de reconstrucción, deja muy en claro la ambigüedad en la que se puede caer, sin embargo, puede al utilizar ese término, declararnos que el pasado es incierto, desorganizado, desconocido, pero también que la labor del historiador puede perder su relación la sociedad ¨El discurso ¨científico¨ que no habla de su relación con el ¨cuerpo¨ social, no puede dar origen a una práctica, deja de ser científico, y esto es muy importante para el historiador, pues en esta relación con el cuerpo social está precisamente el objetivo de la historia ¨[1] . Certau reconoce la importancia del lugar, las practicas y la escritura, aunque también lo hace por la razón de una identificación, por ello su la utilización de reconstrucción, ya que existe no necesariamente un desinterés del pasado, sino solamente un desprendimiento de aquel momento como factor principal de lo que acontece en la realidad.

Los mecanismos de intercambio que nos revela la ciencia y su conocimiento histórico, influyen gran medida en el accionar y distribución de la sociedad, ya que puede dictaminaros de acuerdo al pasado, un orden y control a seguir. Aunque ¿Al construir una ciudad moderna, nos enajenamos de aquel mundo ubicado en el pasado?, no necesariamente, sino que los parámetros antes establecidos en la organización social, son replanteados en base a una nueva representación, a una nueva idea y forma de pensamiento., ya que la sumersión en el pasado, nos abre la posibilidad de un mejor entendimiento del futuro ¨Así la historia es siempre ambivalente: el lugar que labra en el pasado es al mismo tiempo una manera de abrir el paso al porvenir¨.[2]

La Historiografía como factor integrador

El desconocimiento de la sociedad sobre su pasado, permite y posibilita la labor del historiador como elemento integrador entre ambos. La investigación sobre el pasado, y por tanto su escritura, brinda una percepción sobre su presente, una manera distinta de hacer una lectura e interpretación sobre su acontecer actual ¨Desde esta perspectiva, la producción historiográfica de estos últimos tres o cuatro siglos se puede leer –en su volumen y en sus contenidos- como la mirada oblicua que cada presente ha querido arrojar sobre sí mismo, hecha paradójicamente desde su contraparte, el pasado¨.[3]

El punto de observación, permite una mejor posición de interpretación y análisis, sin embargo, esta puede influir en gran medida en los resultados, ya que existen intereses específicos, propios o no. La separación entre los tiempos históricos, se incrementa si el historiador no logra, solamente apartarse de su postura personal, sino de su mentalidad contemporánea, misma que ocasiono un conflicto en la explicación científica.

Los resultados del historiador, su escrito, es el análisis que el individuo y la sociedad tiene sobre su pasado, cada uno de estas producciones permiten una estrecha relación entre ambas temporalidades, pero también entre ambas identidades. La intromisión de la interpretación, nos manifiesta que ese pasado se encuentra concebido, observado y hasta en ocasiones juzgado incorrectamente. La posibilidad que tiene el historiador de ser el intermediario entre el pasado y el presente, logra interceder en la construcción de la identidad, y de participante en la formación de una memoria, de un recuerdo que lo caracteriza y que lo transforma todavía. La historiografía, surge como elemento aislante, pero también como aquel sustento antropológico y ontológico, que permite la transición segura hacia el futuro ¨Bajo este presupuesto, entendemos la razón de ser de la historiografía como una forma de memoria que busca llenar o cubrir el hueco de lo faltante mediante la escritura, como el resultado de la separación entre lo viejo -la tradición-, y lo nuevo –la novedad-, lo efímero que define nuestra forma de acción como vuelta sustancialmente hacia el futuro¨. [4]

La integración, pues, es producto de labor del historiador, de la pertinencia del fortalecimiento entre ambos sistemas y ordenes, viejo-nuevo, que nos plantea , no de manera esotérica, pero si científica, de lograr un acercamiento de los aconteceres futuros, no como predicción, sino como preparación hacia una concreta posibilidad de ser.

CONCLUSION

Dado la distinción hacia una conciencia nueva o moderna, afectada principalmente sobre la importancia sobre su futuro, la historia intercede en el descubrimiento de los factores moldeadores y estructurales de la sociedad, su relación con el pasado y su posible porvenir. A pesar de ello, y de la labor del historiador, es difícil la tarea para lograr la integración y conjunción, y así ubicar claramente la identidad de cada una.

¿Cuál ha sido en realidad, el resultado de la confrontación ente el pasado y presente?
¿El individuo, estará preparado para recibir los parámetros y resultados del fortalecimiento entre su presente y la construcción de él, ubicada en el pasado o simplemente permitirá seguir con la negación?

Notas

* Lic. Historia del 6to semestre de la Materia de Taller de Investigación Histórica, Tijuana Baja California, a 6 de junio de 2008.

[1] Michel De Certeau, “Capítulo II. La operación historiográfica”, en La escritura de la historia. (México: Departamento de Historia-Universidad Iberoamericana, 1993), 74.
[2] Ibíd., 100.
[3] Alfonso Mendiola y Guillermo Zermeño. “Hacia una metodología del discurso histórico”, en Técnicas de investigación en sociedad, cultura y comunicación. (México: Parson, Addison Wesley Longman, 1998),167.
[4] Ibíd.,172

La objetividad en el discurso histórico

Daniel López Pérez
Licenciatura en Historia UABC


Introducción

El presente ensayo tiene como finalidad abordar un tema toral para la ciencia histórica, mismo que genera debates y discusiones, pero también deja abierta la puerta para ingresar al terreno de las aportaciones y nunca deja de tener un interés particular dentro de la academia, ya que la actividad histórico-historiográfica se encuentra en constante movimiento y evolución, nos referimos a la objetividad en el discurso histórico.

La idea es desarrollar de una manera concisa las partes más sustanciales de la objetividad en el proceso de la investigación y el discurso histórico, tópico primordial en la teoría y filosofía de la historia, para ello dividimos el siguiente texto en tres ejes temáticos, el primero está situado en la importancia de la idea de la objetividad en la historia, en seguida trataremos el problema de la objetividad en la historia, finalmente se planteará una pregunta fundamental, la cual dará paso a las conclusiones.

Importancia de la idea de objetividad en historia

La objetividad es una de las características que, de acuerdo con la creencia común, tiene que estar presente en todo conocimiento que pretenda alcanzar los estándares de la jerarquía científica. Y al definir como “objetivas” a una serie de proposiciones en este contexto, nos referimos a que su admisión es justificada por todos cuantos las investiguen seriamente.
Así pues, decimos que los resultados de un trabajo químico constituyen una aportación al conocimiento científico cuando pensamos que todo químico competente que repita el mismo procedimiento llegará inexorablemente a los mismos resultados. Entonces, se puede enfatizar la característica universal del pensamiento científico: su impersonalidad, su imparcialidad, es decir, sin sesgos, medias tintas o prejuicios, además, éste tiene capacidad de someterse a las más rigurosas pruebas de comprobación y sin duda, a la misma repetición. Esto demuestra el grado elevado de objetividad alcanzado en las Ciencias Naturales, por lo tanto, es de esperar que cuando dos o más científicos calificados partieron del mismo punto deberán llegar a los mismos resultados.

En toda etapa del desarrollo de una ciencia, sus representantes están más o menos de acuerdo en los principios básicos que conforman su área de estudio y las medidas que deben de tomar al afrontarlo, sus conocimientos previos parten de una serie de ideas que le dan un carácter uniforme y universal a su ciencia, aquí es donde descansa el sustento que se le da a las conclusiones de los físicos, médicos o biólogos.

Recurriendo a lo expuesto con antelación surge la siguiente pregunta ¿será importante para las Ciencias Sociales aplicar esta serie de mecanismos en sus investigaciones? Mi respuesta es afirmativa. En la medida en que las Ciencias Sociales recurran al método científico para desarrollar sus investigaciones y actividades académicas irán adquiriendo ese carácter de cientificidad. Por ello, no debemos oponernos a la idea de los grandes vínculos que existen entre las Ciencias Naturales y las Ciencias Sociales, sin embargo, no podemos afirmar que haya igualdad total, ya que también existen diferencias, mismas que le dan esa característica peculiar a cada una de ellas.

Por todo lo dicho anteriormente, los descendientes de Clío tenemos el compromiso ético de perfeccionar un ejercicio, que auque exige un gran esfuerzo intelectual y académico, se encuentra lejos de alcanzar los niveles de objetividad en las Ciencias Naturales, por lo tanto, el tema de la importancia de la objetividad en la historia es indudable, a mi juicio, este debe ser el principal acicate para la investigación histórica, acercarse lo más posible al rigor del método científico en aras de lograr resultados con la reputación y calidad necesarias en el mundo académico.

El problema de la objetividad en la historia


No obstante, no se puede evitar cuestionarnos ¿es posible que la historia alcance la objetividad del método científico? Tenemos que afrontar una dificultad: saber si, y en qué sentido, pueden los historiadores alcanzar un conocimiento objetivo.

Como ya se dijo, en las Ciencias Naturales existen modos uniformes de pensar, mismos que son admitidos en cualquier tiempo particular, de ahí surgen los argumentos y las conclusiones que esas ciencias pueden argumentar para reclamar la aceptación general del mundo científico, por ello la ciencia natural proporciona conocimiento objetivo en dicho sentido. La cuestión que ahora tenemos que afrontar es si puede decirse lo mismo de la historia.

Si la historia ha de ser considerada en algún sentido como una ciencia, en un momento del desarrollo de cualquier investigación deberá contener esa característica que le dé la cualidad de científica.

Evidentemente, la objetividad en la historia no puede ser exactamente de la misma naturaleza que la científica, pero sería casi imposible pensar que no exista un rasgo común entre una y otra, como si se tratara de mezclar agua con aceite, por supuesto que la historia puede abrazar bastante de las Ciencias Naturales, y viceversa.

En general podemos esperar que el ideal científico de imparcialidad se refleje en el pensamiento histórico, ¿pero si no sucede así? ¿o si comienzan las propias interpretaciones o aceptaciones históricas del propio discurso histórico de los lectores? ¿o quizá las conclusiones que obtenga el pensamiento popular provoque que no se consiga ese carácter de uniformidad o consenso en la historia? ¿Estaremos ante un retroceso o pérdida de la objetividad en la historia?

¿Puede ser objetiva la historia?

En base a lo que se ha expuesto y teniendo presente todas las consideraciones pertinentes, preguntémonos cuál es aquí la situación. ¿Tienden los historiadores a la objetividad en algún sentido que se parezca la científico? ¿El historiador espera obtener resultados que puedan esperarse aceptados por cualquier otro investigador que haya partido del mismo problema o testimonio?

No es sencillo contestar a estas preguntas, pero con respecto a la primera, se esperaría que sí, mis expectativas no podrían ser menos que eso, esa debería ser una actitud ante la intención de darle una solidez académica a dicha investigación. En general, en la actividad historiográfica se pretende apegarse lo mayormente posible a un método que tenga el suficiente reconocimiento y validez que aporte al discurso histórico, de lo contrario, dicho discurso pierde fuerza, aceptación y credibilidad en la historiografía.

Por lo que toca a la segunda pregunta, es muy complejo saber las verdaderas intenciones de un historiador en torno a sus expectativas con sus pares o con sus lectores. Soy de la idea que un historiador no debe de realizar una investigación con el propósito de lograr consenso con sus colegas, es muy normal, e incluso sano, para la historiografía el derecho a disentir o criticar, ello favorece a la propia historiografía porque da la pauta para complementar un discurso con otra visión o un distinto enfoque.

He de confesar, con mucha humildad y nula vergüenza, que siempre asumí la objetividad como algo asequible dentro de la historia, sin embargo, pienso que a pesar de lo utópico que es alcanzar la objetividad al nivel de las Ciencias Naturales, la historia puede alcanzar grandes niveles de profesionalismo y credibilidad.

Definitivamente no se puede esperar alcanzar una “conciencia general histórica”, esto no se puede calificar de otra forma más que de utopía, la unanimidad está descartada dentro de la historiografía, el uniforme no se hizo para los herederos de Herodoto, mas sí para los de Hipócrates.

Mientras las interpretaciones de un historiador sean rechazadas por otro y no haya manera de conciliar sus resultados, la historia pierde su carácter de objetividad; si los lectores en pleno uso de su derecho de libertad de pensamiento, construyen su propia verdad histórica, la historia pierde objetividad; si el historiador no se desprende de su nacionalidad, religión, formación académica, educación familiar, afinidad deportiva, sentimientos, etcétera, nunca podrá existir una objetividad a la par de las Ciencias Naturales.

A manera de conclusión contestaremos a la pregunta del tercer apartado. Mi respuesta es contundente, no. La objetividad es una falacia dentro del discurso histórico, sin embargo, no se debe confundir esto con una descalificación al oficio del historiador, no por ello pensemos que el discurso histórico estará lleno de mentiras, puede estar lleno de verdades y aciertos, pero ello no es suficiente para alcanzar la objetividad en la historia, por lo tanto, sólo queda que el historiador haga lo mejor posible su labor, y el problema de la objetividad se lo deje a los lectores, ya que ellos son libres de creer, interpretar y sesgar su propia objetividad histórica, misma que nunca existirá.

Bibliografía

Bloch, Marc. “II. La observación histórica”, en Introducción a la historia. México: Fondo de Cultura Económica, 1987. (Brevarios, 64).


_____. “III. La crítica”, en Introducción a la historia. México: Fondo de Cultura Económica, 1987. (Brevarios, 64).

De Certeau, Michel. “Capítulo II. La operación historiográfica”, en La escritura de la historia. México: Departamento de Historia-Universidad Iberoamericana, 1993.

Mendiola, Alfonso y Guillermo Zermeño. “Hacia una metodología del discurso histórico”, en Técnicas de investigación en sociedad, cultura y comunicación. México: Parson, Addison Wesley Longman, 1998.

Historiador e Historia

Abdiel Espinoza González*


Introducción

Este ensayo tiene como objetivo exponer mis ideas acerca del papel que el historiador tiene en el proceso de investigación, porque pienso que en la medida que él se vuelve parte activa y consciente en la construcción del conocimiento histórico las metodologías, el tipo y trato de las fuentes se hacen más complejas, en un intento por tratar con la subjetividad del mismo historiador.

En mi caso, las ideas expuestas aquí estarán basadas en lo que recojo de autores como Marc Bloch, Michael de Certeau, Guillermo Zermeño y Alonso Mendiola,[1] por considerar que en sus análisis ponen de manifiesto la importancia del historiador como pieza clave en la investigación histórica, lo cual es de sumo interés en este ensayo. El trabajo está dividido en dos partes, en la primera abordaré un poco acerca de cómo se ha dado la construcción del conocimiento histórico y en el segundo trataré el problema de las fuentes.

La construcción del conocimiento histórico

El pasado en si mismo no puede ser objeto de estudio, porque es algo que no existe, en cambio, a lo que sí podemos aspirar es al conocimiento de los hombres que vivieron en determinado tiempo pasado. ¿Cómo se logra eso? Por medio de huellas que ellos mismo fueron dejaron a su paso por el tiempo, y que sobreviven materialmente como documentos u objetos hasta nuestros días. Sólo así tiene sentido lo que dice Marc Bloch al referir que el conocimiento histórico es un conocimiento indirecto y en constante progreso.[2] En otras palabras, accedemos al pasado por medio de huellas. Pero lo interesante radica en la idea de un conocimiento histórico que esta en progreso, o lo que equivale a decir: el pasado no cambia, sino el conocimiento que tenemos acerca de él.

¿A qué se refería Bloch cuando pensaba en un progreso del conocimiento histórico, si el pasado no cambia? Suponiendo que para que este tipo de conocimiento se de, es indispensable considerar dos cosas, número uno: la existencia, por un lado, de los hombres en el tiempo y por el otro del historiador; y número dos: las características de ambos, en el caso de los hombres en el tiempo, hemos llegado al acuerdo de que el pasado no pueden modificarse. Por lo tanto, es hasta cierto punto lógico aceptar que cuando el autor menciona un progreso en el conocimiento histórico, se estaba refiriendo al cambio que ocurre en el historiador y en el contexto en donde él está inmerso.

Lo anterior obliga otra pregunta, ¿por qué cambia el historiador? La respuesta bien podría ser esta: porque su contexto lo hace también. De ahí que Michael de Certeau conciba el quehacer del historiador como un ejercicio, o como él lo llama, una operación historiográfica, en donde el lugar social (entiéndase contexto social, político, económico y cultural, desde donde se realiza el discurso, palabas más, palabras menos, el contexto donde el historiador está realizando su investigación), relacionado con prácticas científicas (llámese operaciones o métodos usados por el historiador que están en función del lugar social) y una escritura ( o producto, que mantiene una relación con el lugar social),[3] conforman el trabajo por medio del cual se obtiene determinado conocimiento histórico.

De esta forma quiero poner en perspectiva la responsabilidad que recae sobre ese sujeto llamado historiador en la construcción del conocimiento histórico. Partiendo de la base de que la historia es el estudio de la relación entre el pasado y el presente,[4] y el historiador el moderador en este diálogo perpetuo. Entonces, ¿de qué manera la percepción del pasado está condicionada por el historiador, en cuanto éste cobra parte activa y consciente en la investigación?[5] Es ahí donde radica el punto central, en dejar las falsas ideas que consideran nulo el papel del historiador en el proceso de investigación y la aceptación de que éste participa en ella de gran manera y de diversas maneras.

El problema de las fuentes

Un ejemplo de la participación activa y consciente del historiador está en el problema de las fuentes, dónde se ha venido dando de forma paulatina un progreso desde la mera búsqueda y trascripción de documentos, hasta la apertura a todo tipo de fuentes como las visuales y a la formulación de técnicas especializadas para su tratamiento. ¿Pero qué es una fuente? De acuerdo con Bloch, la fuente o los testimonios, es todo aquello que ha tenido contacto con el hombre y puede decirnos algo acerca de él, de manera voluntaria e involuntaria.[6]
¿A qué grado la participación activa del historiador se muestra evidente en el análisis de las fuentes? De manera rápida puedo citar a dos formas, primero considero el método crítico de Bloch, como un primer intento de cuestionar a las fuentes, sometiéndolas a una serie de preguntas planteadas por el historiador en base a su problema de investigación. De esta manera ya se puede ver de manera más explicita el papel del historiador en la investigación. El segundo ejemplo es el que presente Zermeño y Mendiolea, que considera las deben de ser consideradas para su análisis desde tres plano: dentro de un sistema de comunicación, un lugar social donde se emite y las formas de recepción del mismo.[7]

Reflexión final

El historiador debería participar de una forma más profunda en la construcción del conocimiento histórico, ¿Cómo? Realizando un análisis mayor al considerar dentro de su trabajo el estudio del propio historiador, en esa medida podrá descubrir las influencias o determinaciones que el contexto impuso al historiador. La historia, esa relación entre pasado y presente, no podría darse sin ese sujeto llamado historiador, quien la interpreta. El historiador, quien interpreta esa misma relación aporta, en su trabajo, su propia visión del presente.

¿Cuál considero que es el mayor reto este sujeto llamado historiador? El equilibrio, mantener en su proceso de construcción del conocimiento histórico un sano equilibrio entre la ineficiente y aburrida labor de transcriptor y la peligrosa posición de relativizar a tal punto las interpretaciones que termina cuestionando la oportunidad del propio conocimiento histórico. En fin, sigamos nadando en el mar de la subjetividad.



Notas

* Licenciatura en Historia, sexto semestre, Taller de Investigación Histórica. Tijuana, Baja California, 30 de mayo de 2008.
[1] Marc Bloch, Introducción a la Historia (México: FCE, 2000); Michael De Certeau, La escritura de la historia (México: Departamento de Historia-Universidad Iberoamericana, 1993); Alfonso Mendiolea y Guillermo Zermeño, “Hacia una metodología del discurso histórico”, en Técnicas de investigación en sociedad, cultura y comunicación (México: Parson, Addison Wesley Longman, 1998).
[2]Bloch, Introducción a la historia, 61.
[3]De Certeau, La escritura de la historia, 68.
[4]Ibid.
[5] Cuando hago referencia a una participación del historiador activa y consciente quiero decir que el historiador cobra sentido de su propia participación en la investigación, en la medida que se pregunta cómo su contexto y su propia historia lo van conduciendo a la formulación de determinadas preguntas y selección de cierto tipo de fuentes y técnicas para tratarlas.
[6] Bloch, Introducción a la historia, 58.
[7] Mendiolea Zermeño, “Hacia una metodología…”, 203.

Reflexiones sobre la naturaleza de la disciplina histórica

Pedro Espinoza Meléndez*


Introducción

¿Hasta qué punto podemos acceder al conocimiento del pasado? ¿Qué tanta luz puede arrojar la historia (entendiendo a la historia como disciplina) sobre una realidad acontecida bajo determinado tiempo y espacio? Son preguntas que creo todos los miembros del gremio nos hemos hecho, ya que de no hacerlo, no solo estaríamos ejerciendo una profesión a ciegas, sino que además estaríamos vendiendo un producto de dudosa calidad.

No se necesita ser un gran teórico para poner en tela de duda la validez del conocimiento histórico. Cuando uno hace cualquier afirmación sobre una realidad pasada, no falta aquel aguafiestas que nos pregunte ¿Y tú como sabes? ¿Estuviste ahí? Sin embargo, sabemos que ni en las ciencias naturales más rígidas, ni en las sociales que se encargan de estudiar el tiempo presente, el testimonio presencial es sinónimo de una comprensión total del fenómeno, ni siquiera de una “evidencia empírica”. De manera que la distancia temporal o espacial entre el observador y el objeto de estudio, por sí misma, no es necesariamente un obstáculo para la comprensión de un fenómeno.

Sin embargo, existen ciertos conceptos que en algún momento se han convertido en paradigmas para las ciencias, a partir de los cuales puede ser cuestionada nuestra ocupación, uno de ellos es la objetividad. Es a partir de la consolidación de las ciencias naturales que, en el siglo XIX se formalizó la idea de que también las ciencias sociales debían de ser igual de rígidas y objetivas. Es con los paradigmas rankeanos y positivistas que los historiadores aceptaron que su labor era la de escribir las cosas tal y como sucedieron, y que debían borrar de sus trabajos –como debía de ocurrir en toda ciencia verdadera- hasta el más mínimo rastro de subjetividad. En este ensayo se buscan plantear algunas reflexiones surgidas en base a lecturas hechas durante el semestre, referidas a la naturaleza de la disciplina histórica, tanto a sus posibilidades y alcances como a sus limitaciones.

Sobre objetividad y subjetividad

Entonces, vale la pena preguntarnos: ¿Puede el historiador ser objetivo? O mejor dicho ¿Qué tan objetivo puede ser? Ante estas interrogantes puede llegar a caerse en los extremos, ya se al de aferrarse a los viejos dogmas del positivismo decimonónico, o a afirmar que por no ser completamente objetiva, la historia no puede ni siquiera ser considerada ciencia, desmeritando así sus posibles aportaciones al conocimiento humano.

Epistemológicamente hablando, no creo que se pueda ser objetivo, ni en la historia ni en ninguna otra ciencia, sea natural o social; esto por el simple hecho de que la ciencia no la hace el objeto sino el sujeto. De manera que la observación o análisis del fenómeno estará fuertemente vinculada al sujeto que observa. Inclusive en las ciencias naturales se habla de que muchas veces, el que mide -inconsciente e indirectamente- afecta la medición Y ya que el objeto no puede estudiarse a sí mismo, la subjetividad del investigador, en mayor o menor media, es una característica con la que todos tendremos que aprender a lidiar.

Pero aterrizando en el campo de la historia ¿Cuáles son los factores que determinan al sujeto que observa? ¿Hasta que punto esa subjetividad obstaculiza el acercamiento a los fenómenos sociales del pasado? Hay que partir de algunos referentes. El primero es que para que haya historia se necesita de dos cosas, de testimonios humanos y de alguien que los observe e interprete. Se recalca la parte que se refiere a la interpretación, ya que éstos testimonios (que no necesariamente tienen que ser documentos escritos), como señalaba Marc Bloch, no hablan por sí mismos, sino que se requiere que el investigador les haga preguntas y los cuestione, y dependiendo de las preguntas que se hagan, serán las respuestas que puedan obtenerse.[1]

El lugar del historiador

El segundo referente es que, tanto el autor de dichos testimonios como el observador, se encuentran en un momento histórico, en un contexto social, político, cultural, económico, que resulta determinante en la concepción que los individuos tienen de sí mismos y de la realidad que los rodea. En el caso del historiador, esto habrá de repercutir en el tipo de preguntas que se habrá de plantear. Sobre este punto específico, Michel de Certeau hace uso del término Lugar Social, y lo aborda de la siguiente manera:

Toda investigación historiográfica se enlaza con un lugar de producción socioeconómica, política y cultural. Implica un medio de elaboración circunscrito por determinaciones propias: una profesión liberal, un puesto de observación o de enseñanza, una categoría espacial de letrados, etcétera. Se halla, pues, sometida a presiones, ligada a privilegios, enraizada en una particularidad. Precisamente en función de este lugar los métodos se establecen, una topografía de intereses se precisa y los expedientes de las cuestiones que vamos a preguntar a los documentos se organizan.[2]

Como se puede observar, la subjetividad no tiene tanto que ver con el individuo, que imprudente, consciente o maliciosamente decide tergiversar lo observado en la realidad para su conveniencia, pues como acertadamente afirman Zermeño y Mendiola: “[…] el historiador que produce la historia no es un sujeto psicológico, como se pensaba en el siglo XIX, sino un sujeto social”[3], y todos los factores sociales que le rodean, ocasionan que el producto de su trabajo no puede ser otra cosa que una interpretación sobre los fenómenos que estudia, interpretación sobre la que pesan no solo las condiciones en las que se generan los testimonios de los que hace uso, sino las condiciones desde las que el historiador cuestiona, indaga, observa y piensa.

A manera de conclusión

Más que pensar en acceder al conocimiento del pasado, hay que buscar su comprensión, pues el pasado, más que la acumulación de sucesos ocurridos en tiempos pretéritos, es la memoria y el entendimiento que tenemos de ellos. En este sentido, el pasado no es una realidad que pueda mostrarse por sí misma, es una imagen construida en base a las observaciones hechas por los mismos hombres, y por lo tanto se encuentra en un constante cambio, ligado a las transformaciones que ocurren en el presente desde el que mira.

Ciertamente la historia no puede aspirar a ser en si una ciencia objetiva, pero no por ello dejará de ser ciencia, mostrar las cosas tal y como sucedieron es algo que nunca se la hecho, y no hay porque pretenderlo. El rigor metodológico y conceptual con el cual se lleven a cabo las interpretaciones de la historia, es la referencia a que lo que se dice no surge de la nada ni se afirma arbitrariamente, sino que parte de una realidad que de alguna manera dejó testimonio de sí, y cuya comprensión taba de formar parte del conocimiento del hombre, tanto de la forma en que funcionan las sociedades como de la manera en que el hombre se concibe a sí mismo dentro de ellas.


Notas

* Lic. En Historia, Gpo. 362 Escuela de Humanidades, Universidad Autónoma de Baja California, Taller de Investigación Histórica, Tijuana, B. C., 6 de junio de 2008.
[1] Marc Bloch, Introducción a la Historia (México: FCE, 1992), 50.
[2] Michel De Certeau, La Escritura de la Historia (México: UIA, 1993), 69.
[3] Guillermo Zermeño y Alfonso Mendiola, “Hacia una metodología del discurso histórico”, en Galindo Cáceres, Jesús (coord.), Técnicas de Investigación en sociedad, cultura y comunicación (México: Pearson, 1998), 69.

Metodología de la Historia

Jesús N. Martín Sánchez*


Introducción

En el presente ensayo trataré de desarrollar lo fructífero que ha sido el implemento de la metodología en la historia y básicamente su relación con las ciencias sociales. Durante las últimas décadas su utilización en el proceso de investigación histórica, se ha establecido y se ha orientado totalmente a los objetivos de una investigación y a su vez ha enriquecido las necesidades de las ciencias sociales.

Para el desarrollo de este ensayo trabajaré con los siguientes autores como Marc Bloch y “La crítica”; Michel De Certeau y “La operación historiográfica”; y por último con Luís González y El arte de la composición”. Básicamente lo que pretendo desarrollar es la importancia de la utilización de la metodología en las ciencias sociales y en el proceso de investigación para llegar a resultados concretos.

Primeramente me gustaría empezar con el concepto de metodología el cual se refiere a los métodos empleados dentro de una investigación y que se siguen de alguna manera para alcanzar los objetivos planteados. Ante esto Luís González y González nos dice: ”Es una parte del camino del historiador de la que rara vez tratan los metodólogos modernos y de la que se ocupan mucho los antiguos. Los trabajos de investigación histórica se comunican normalmente a través de tres canales (el hablado, el escrito y el audiovisual), los tres de pocos queveres con la ciencia y muchos con el arte“.[1] Con esto podemos apreciar que la implementación de la metodología por lo general esta sujeta a los objetivos planteados dentro de la investigación y que por medio de estos canales se injertan dentro de la metodología aplicada y a su vez esta adopta los requerimientos de la investigación histórica.

La importancia que tiene la metodología dentro de las ciencias sociales pienso en este momento que es de suma importancia ya que la metodología en las ciencias sociales trata de estudiar de alguna manera la realidad social dentro de la investigación histórica para encontrar una explicación veraz a todos los hechos tanto sociales, culturales y políticos y esto por medio de la participación en común de todas las ciencias.

“Pero el gesto que traslada las “ideas” a lugares es precisamente un gesto de historiador. Comprender, para él, es analizar en términos de producciones localizables el material que cada método ha originalmente establecido según sus propios criterios de pertinencia. Considerar la historia como una operación, seria tratar, de un modo necesariamente limitado, de comprenderla como la relación entre lugar (un reclutamiento, un medio, un oficio, etc.), varios procedimientos de análisis (una disciplina) y la construcción de un texto (una literatura)”.[2]

Con esto puedo corroborar un poco el comentario anterior, en donde menciono que la participación de la metodología en las ciencias sociales para el estudio de lo histórico es ahora mucho más importante o mejor dicho ha tenido una evolución y se ha convertido en una especialización al servicio de los propósitos que se tienen dentro de una investigación.

Básicamente podemos apreciar que la metodología de la historia es sin duda la utilización de métodos y técnicas, los cuales permiten lograr ciertos objetivos planteados dentro de la investigación histórica y que a su vez sirven o contribuyen a la obtención de un conocimiento cuyo objetivo es que sea veraz.

Las fuentes como evidencias del pasado

Las fuentes para los historiadores son, sino la más importante sí una de las principales herramientas que se tiene para trabajar sobre el pasado. Para constatar la veracidad de las mismas, Bloch nos dice:”la comparación critica bien entendida no se satisface sólo con aproximar testimonios en un mismo plano temporal. Un fenómeno humano es siempre una malla de una serie que atraviesa las edades”.[3] Básicamente las fuentes nos sirven como evidencias de los hechos históricos y es necesaria su crítica como lo menciona Bloch para su cuestionamiento y corroborar su veracidad, ya que con esto pretendemos no deformar los hechos acontecidos en el pasado.

Finalmente, hemos comentado la importancia de la metodología en las ciencias sociales y sobre la veracidad de las fuentes, ya que en las ultimas décadas la metodología ha tenido una cierta evolución en la que se ha especializado en los propósitos u objetivos de una investigación histórica y que básicamente la metodología es la implementación de una serie de métodos o técnicas que seleccionamos para el desarrollo de un trabajo de investigación y que estas se adecuan al propósito principal del investigador.

Notas

* Sexto Semestre, Grupo: 362, Lic. Historia, Escuela de Humanidades, UABC. “Taller de Investigación Histórica”, Tijuana B. C., 6 de junio de 2008.

[1] Luís. González y González. “VIII. El arte de la composición”, en El oficio de historiar (Zamora: El colegio de Michoacán, 1998).
[2] Michel De Certeau, “Capítulo II. La operación historiográfica”, en La escritura de la historia. (México: Departamento de Historia-Universidad Iberoamericana, 1993).
[3] Marc Bloch, “III. La crítica”, en Introducción a la historia (México: fondo de cultura económica, 1987). (Brevarios, 64).

Por una interpretación objetiva de la Historia

Por Alejandra Ortiz Chacón*


Introducción

El propósito de este ensayo es reflexionar sobre la objetividad en la investigación histórica. El tema fue directa e indirectamente tratado durante el curso y buena parte de mis reflexiones giran en torno a la posibilidad de ser o no objetivos al hacer investigación. Los autores sobre los cuales se desprenden mis ideas son Marc Bloch, Michel de Certeau y Alfonso Mendiola y Guillermo Zermeño quienes desarrollan propuestas que incluyen un concepto sobre “objetividad” y una forma de practicarla en el ejercicio de construir la historia.[1]

La estructura de este ensayo, considera un primer apartado sobre qué es la objetividad en la investigación histórica, otra sección sobre cómo lograr esa objetividad según la propuesta de nuestros autores y un último apartado con consideraciones finales personales.

Y…¿qué es la objetividad?

Al pensar inicialmente sobre la tan aclamada objetividad, pueden venir a nuestra mente infinidad de prejuicios y definiciones adquiridas a partir de una enseñanza con aires positivistas. Sin embargo, cuando pienso este término desde la Historia, es necesario intentar comprender que hablamos de una idea del siglo XIX procedente de las ciencias naturales, la cual afirma que el científico puede anularse en el proceso de la investigación. Esto tiene numerosas consecuencias, pues el hecho histórico en sí, es visto como algo inmutable y las fuentes tan solo son evidencias del pasado, pero no se cuestiona al sujeto que ha dejado testimonio de ellas.[2] La objetividad es un ideal impuesto a la historia, con el afán de ponerla a la “altura” de las demás ciencias, pensando que una metodología y la aplicación de ciertas técnicas pueden eliminar la participación del sujeto.

La propuesta de los autores elegidos, define y redefine, de manera explícita o implícita su concepto de objetividad en la investigación histórica, sin negar que ésta sigue siendo un faro que alumbra la búsqueda de la verdad en el proceso, pero planteando bases reales sobre las cuales se pueda sostener, dentro de los marcos de la misma disciplina. El historiador lleva a cabo, a través de reglas, una transformación de elementos culturales y naturales en objetos de la historia. Quiera o no modifica su objeto de estudio, pues le trata según sus propias preguntas,[3] sin considerar aún que lo que él mismo obtiene se encuentra mediado por la observación de otro al cual le corresponderá comprender. Podemos señalar que la aplicación de método y técnicas le da el carácter de disciplina científica a la historia, no en sí la objetividad, pero siendo que permanece como un propósito, cabe preguntarnos: ¿Cómo se logra? ¿A qué se refiere la objetividad en la Historia en la actualidad? A estas preguntas responden nuestros autores.

Pensando la objetividad en la investigación histórica

Por un lado, Michel de Certeau plantea algunas ideas que me parecen esenciales, para él la objetividad ya no es un ideal en la historia, pero lo que busca es una identificación de la relación entre objeto-sujeto, para así hacer un ejercicio crítico. Afirma que es el lugar social del historiador y su reflexión acerca del mismo lo que permite una operación historiográfica más “objetiva” y es la atención en el sujeto lo que ocupa gran parte de su texto, de ahí surge la práctica histórica. “…el tener en cuenta el lugar donde se produce, permite al saber historiográfico escapar la inconsciencia de una clase que se desconocería a sí misma como clase en las relaciones de producción, y que por lo tanto, desconocería a la sociedad donde está insertada. El enlace de la historia con un lugar es la condición de posibilidad de un análisis de la sociedad”.[4] Aquí observamos otro elemento más de su propuesta: afirma que no hay posibilidad de entender a la sociedad sin comprender el lugar social, es decir, el espacio desde el cual se construye la historia.

Marc Bloch no plantea preguntas específicamente relacionadas con la objetividad, pero es evidente que su propuesta de la observación histórica y el método crítico giran en torno a superar limitaciones en la práctica histórica.[5] Las limitaciones van desde las evidencias mismas que constituyen nuestras fuentes, la forma en que las observamos y criticamos, hasta la realidad de que nos movemos en lo incierto y lo probable. Bloch sugiere un método, nos dice cómo obtener información de las fuentes, cómo convertirlas en un testimonio histórico, pero en ello reconoce también la participación del sujeto y no se detiene a defender lo contrario. El punto desde donde parte dibuja una idea de objetividad, donde no se anula al sujeto, sino que se le comprende y al mismo tiempo se interponen técnicas derivadas de la metodología para aproximarse a la realidad, que según nuestros ojos, se encuentra en constante cambio.

Por su parte, Mendiola y Zermeño, elaboran sobre las fuentes, sobre la posibilidad que nos permiten para acceder al pasado. Su propuesta refiere a una forma de analizarlas, donde el historiador hace una observación de la observación y requiere de mirar el pasado desde su propio horizonte, intentando comprender el horizonte de aquellos que dejaron testimonio. Más en relación con la objetividad, conciben preguntarse de qué forma se construye el objeto mismo de la historia, si todo lo que nos llega son mediaciones y somos nosotros quienes lo construimos a través del presente. En este sentido, tanto el pasado, como la historia son realidades dinámicas, y dependen del sujeto, entonces ¿Dónde queda la objetividad? Estos historiadores proponen un trabajo de doble análisis donde se considera el contexto de las observaciones testimoniales y otro del propio, donde es el “futuro” (o la expectativa del mismo) lo que dicta las preguntas y el interés sobre el pasado. Citando a los autores: “…la historia es una representación o refiguración instrumentada por alguien en el tiempo y el espacio. La objetividad funciona, en este sentido, sólo como una idea regulativa”.[6]

Consideraciones finales

A través del análisis de los autores y sus ideas sobre la objetividad, mi propia concepción del tema se transformó. Si bien la atención sobre el “ser objetivos” en la ciencia sigue siendo fundamental, las ideas sobre el concepto han sido sustituidas y en la historia la preocupación lleva otra línea. El debate no es sobre la eliminación del sujeto (tarea imposible) sino de cómo lo incorporamos en la operación historiográfica, al modo de Certeau. Si bien la metodología y las técnicas serán la ruta y las herramientas para llevar a cabo la investigación con una normativa que no permita la consciente inclinación del investigador por interpretar los datos según conveniencia, cabe mencionar que la misma pregunta de la que partimos tiñe nuestro acercamiento al objeto. Y este objeto de estudio, es al mismo momento, según Mendiola y Zermeño, una construcción del presente a partir de nuestra observación al pasado. Por lo tanto, una interpretación objetiva de la historia, o al menos un intento, significa de manera articulada y sencilla: la utilización de una metodología y técnicas, la reflexividad sobre el lugar social desde donde se realiza la investigación como producto social y una comprensión de que el objeto de estudio y el sujeto que lo observa en el primer y segundo orden, requieren de una interpretación en su propio marco histórico. Tarea desafiante.


Notas

* Licenciatura en Historia, sexto semestre, Taller de Investigación Histórica, Tijuana, Baja California, 26 de mayo, 2008.

[1] Marc Bloch, Introducción a la Historia (México: FCE, 2000); Michel De Certeau, La escritura de la historia (México: Departamento de Historia-Universidad Iberoamericana, 1993); Alfonso Mendiola y Guillermo Zermeño, “Hacia una metodología del discurso histórico”, Técnicas de investigación en sociedad, cultura y comunicación (México: Parson, Addison Wesley Longman, 1998).
[2] Ibid.
[3] De Certeau, La escritura de la historia, 84-85.
[4] Ibid., 81.
[5] Bloch, Introducción a la historia.
[6] Mendiola, Alfonso y Guillermo Zermeño. “Hacia una metodología...”, 192; José María Muriá, “Historia: de la objetividad científica a la subjetividad literaria”, Casa del Tiempo 38 (dic-ene 2005): 23-26. http://www.uam.mx/difusion/casadeltiempo/83_dic_ene_2005/casa_del_tiempo_num83_23_26.pdf (acceso 3 de junio, 2008).

28 de mayo de 2008

Curso: TALLER DE INVESTIGACIÓN HISTÓRICA

Profesora: Miriam Gabriela García Aguirre.
Semestre: Agosto-Julio 2008.



Bibliografía

Altamirano, Graziella. “Metodología y práctica de la entrevista”, en La historia con micrófono, coordinado por Graciela de Garay. México: Instituto Mora, 1999.

Bloch, Marc. “II. La observación histórica”, en Introducción a la historia. México: Fondo de Cultura Económica, 1987. (Brevarios, 64).

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_____. Visto y no visto. El uso de la imagen como documento histórico. Barcelona: Crítica, 2005.

Camarena Ocampo, Mario y Lourdes Villafuerte García. “Los archivos y la lectura en el oficio del historiador”, en Los andamios del historiador. Construcción y tratamiento de fuentes, coordinado por Mario Camarena Ocampo y Lourdes Villafuerte García. México: Archivo General de la Nación, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2001.

De Certeau, Michel. “Capítulo II. La operación historiográfica”, en La escritura de la historia. México: Departamento de Historia-Universidad Iberoamericana, 1993.

Gonzalbo, Fernando. “El problema del orden”, en Una idea de las ciencias sociales. México, Barcelona, Buenos Aires: Paidós, 1999.

González y González, Luis. “III. Preguntas del historiador a lo histórico”, en El oficio de historiar. Zamora: El Colegio de Michoacán, 1988.

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Hobsbawm, Erick. “3. ¿Qué puede decirnos la historia sobre la sociedad contemporánea?”, en Sobre la historia. Barcelona: Crítica, 2004.

Langlois, Charles y Charles Seignobos. Introducción a los estudios históricos. Buenos Aires: La Pléyade, 1988.

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Serafín, Ma. Teresa. “Producción de ideas”, en Cómo redactar un tema. Didáctica de la escritura. México, Buenos Aires, Barcelona: Paidós, 2001.

Vilar, Pierre. Iniciación al vocabulario del análisis histórico. Barcelona: Grijalbo, 1981.

Wallerstein, Immanuel. “2. Debates en las ciencias sociales, de 1945 hasta el presente”, en Abrir las ciencias sociales. Informe de la Comisión Gulbenkian para la reestructuración de las ciencias sociales. México: Siglo XXI editores, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades, UNAM. 1996.

*Artículos publicados durante el periodo 2004-2007 en revistas especializadas relacionados con los temas de los estudiantes.

Calafia. Instituto de Investigaciones Históricas UABC. http://www.uabc.mx/historicas/Calafia.htm

Frontera Norte. El Colegio de la Frontera Norte. http://www.colef.mx/fronteranorte/index2.asp?browser=IE5

HAyFO. Historia, Antropología y Fuentes Orales. Seminario de Historia Oral del Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona, Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona y Universidad de Granada. http://www.hayfo.com/

Historia Mexicana. El Colegio de México. http://revistas.colmex.mx/revista.jsp?id_revista=13

Meyibó. Instituto de Investigaciones Históricas UABC.

Región y sociedad. El Colegio de Sonora.
http://www.colson.edu.mx/absolutenm/templates/revista.aspx

Relaciones. El Colegio de Michoacán. http://www.colmich.edu.mx/publicaciones/default.asp

Secuencia. Instituto Mora.
http://www.institutomora.edu.mx/index.php?method=textos&idarea=141


Lecturas complementarias


Aceves Lozano, Jorge E. “Introducción: La historia oral contemporánea: una mirada plural”, en Historia oral. Ensayos y aportes de investigación, coordinado por Jorge E. Aceves Lozano. México: Ciesas. 2000.

Johan Huizinga. El concepto de historia y otros ensayos. México: Fondo de Cultura Económica, 1980.

Moradiellos, Enrique. El oficio de historiador, México, Siglo XXI Editores, 1994.


Wallerstein, Immanuel. Conocer el mundo, saber el mundo: el fin de lo aprendido. Una ciencia social para el siglo XXI. México: Siglo XXI editores, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, UNAM, 2002.


Zermeño Guillermo. La cultura moderna de la historia, una aproximación teórica e historiográfica. México: El Colegio de México, 2002.

27 de mayo de 2008

Pedro Espinoza

estudiante de Historia en la Escuela de Humanidades UABC participa en el Ciclo de Conferencias "Las nuevas voces de la historia". Compartirá los avances de su proyecto de tesis
"Crecimiento y población en Tijuana, 1940-1950".

Este evento forma parte de las actividades que este semestre organizan el Archivo Histórico de Tijuana y el Instituto Municipal de Arte y Cultura.


Miércoles 28 de mayo de 2008
Casa de la Cultura de Tijuana
Paris y Lisboa #5, Col. Altamira.

5:00 pm

Esperamos que te vaya muy bien en tu presentación.



6 de marzo de 2008

Relación entre el tiempo, la experiencia y la memoria.

El tiempo pasa y estamos sujetos a él, es al fin de cuentas, uno de los componentes principales al estudio de la historia. Este deja constancia de su paso en la memoria, ya sea la individual o la colectiva, sin embargo ésta no trasciende a menos que alguien (el historiador) le abra el espacio y le de voz. Siendo la memoria el reflejo del tiempo, es la experiencia la que permite actuar sobre el presente y vislumbrar el futuro. La experiencia se convierte en el elemento cargado por generaciones y es, tal vez, la noción que promueve las transformaciones, como producto del paso de tiempo y de la memoria del hombre, aunque el uso no sea conciente.

Alejandra Ortiz Chacón

¿Es posible predecir escenarios en la Historia?

Los datos que se arrojan como resultado de investigaciones históricas pueden ayudas en cierto modo a tener una especie de marco referencial para algunos hechos históricos, sin embargo, este ¨escenario histórico¨ será una mera aproximación a otro hecho que haya acontecido en otro tiempo, sólo en las ciencias exactas se puede realizar esta ¨predicción¨, cuando los mismos factores se reúnen una y otra vez el resultado será siempre el mismo, siempre 1+1 será 2. Pero cuando los factores son tan diferentes uno de otro en cada hecho en la Historia, se vuelve complejo, y muy difícil de realizar esa predicción, y serán meras especulaciones de eventos ocurridos en diferentes tiempos y espacios, a demás que la interpretación va a variar cada vez que se ponga un historiador en contacto con ese análisis.

Rosario Morales Sánchez

¿Es posible predecir escenarios en la historia?

No, la historia no es una ciencia adivinatoria. Ni el futuro ni el presente son una copia fiel del pasado. La historia sólo es un precedente que genera experiencia para mostrarnos los problemas que se tendrán que resolver en el futuro, de acuerdo con las transformaciones que las sociedades humanas van teniendo.

Xóchitl Calleros

¿Cuál es la relacion entre el tiempo, la experiencia y la memoria?

Entendiendo al tiempo como el camino que el ser humano recorre hacia el progreso, y a la experiencia como el cúmulo de conocimientos empíricos y científicos adquiridos que nos son transmitidos de generacion en generacion. Supongo que la relacion entre tiempo, experiencia y memoria radica en la forma en la cual el ser humano concibe y trata de entender su presente, reinterpreta su pasado y proyecta su futuro. Digamos, son los elementos a considerar por el ser humano para entenderse asi mismo y hubicarse en el tiempo, de alguna forma son inerentes al él, a tal grado de que éstos son lo que lo hacen ser precisamente eso, humano.

Abdiel Espinoza González

¿Qué relación existe entre tiempo, experiencia y memoria?

El tiempo es finalmente un concepto abstracto, creado por el hombre para medir y registrar la sucesion de acontecimientos, de manera que este concepto se encuentra sumamente ligado al de memoria, que se trata de la capacidad de recordar lo sucedido. Sin embargo, el término experiencia es más profundo, pues se refiere a la capacidad de aprender de los sucesos pasados, y de aplicar dicho aprendizaje al presente...Yendo al plano de lo historico, esta disciplina va más alla de conocer lo que ocurrió en el pasado, y no debe quedarse solo en la función de la memoria, sino que debe convertirse en experiencia, y ser capáz de arrojar respuestas acerca de nuestro presente.

Pedro Espinoza

¿Qué relación existe entre el tiempo, la experiencia y la memoria?

A simple vista se relaciona de la siguiente manera: para llegar a tener experiencia en algo o sobre algo necesitas tener algo de tiempo desarrollando o trabajando en ese algo y despues de haber cumplido con esos requisitos, puedes fuarte de que tu memoria paso por esos dos terminos y que a la hora de escribir o hablar sobre algo, la experiencia y el tiempo te respaldan, ahora el autor hace mucho hincapie en estas cuestiones de que el tiempo y la experiencia forman al hombre en cualquier ambito y que a su vez lo alejan de volver a cometer los errores del pasado.

Carlos Ramírez Tapia

¿Qué relación existe entre el tiempo, la experiencia y la memoria?.

Considero que en la formación social-intelectual de un individuo estos tres aspectos van de la mano, sobre todo si se toma en cuenta que el tiempo y los hechos que transcurren en su formación traen consigo sucesos que impactan de manera directa en la forma de "actuar" del ser humano ; además en la memoria quedan señalados dichos sucesos que de alguna manera u otra contribuyen en nuestra formación.

Sarai Espinoza

¿Cuál es la relación entre el ser humano y la Tecnología?

Se puede resumir a que el Ser humano ha depositado todas sus esperanzas en la maquinaria tecnológica que ha creado, mas que una moda se ha vuelto imprescindible para el ser humano pues siente que en la tecnología que ha inventado puede responder a preguntas que se ha planteado. Este proceso llega a ser considerado antinacional, no por el hecho de que la tecnología no lo sea o no lo vaya a ser; sino que elimina la experiencia humana y por ende lo subjetivo de la Historia que pasa por varios procesos sin llevar un orden sistemático.

Uriel Alejandro Cárdenas Estrada

4 de marzo de 2008

¿Es posible predecir escenarios en la historia?

Ciertamente, el historiador no puede saber lo que sucederá en el futuro, sin embargo, es posible realizar un ejercicio en base a la experiencia, investigación y conocimiento para plantear ciertas hipótesis o predicciones que ayuden a sustentar un posible escenario. Si se decide "predecir" o "pronosticar" algunos posibles escenarios desde la perspectiva histórica, se debe de hacer con toda precisión y justificando de manera detallada por qué, sólo así el historiador tendrá validez en su predicción.

Daniel López

Sobre la historia

en adelante publicamos algunos comentarios a partir de la lectura de:

Eric Hobsbawm,
"¿Qué puede decirnos la historia sobre la sociedad contemporánea?",
en Sobre la historia. Barcelona: Crítica, Grijalbo Mondadori, 1998.

28 de febrero de 2008

Seguimos…

tras un mapa del pensamiento social y
su desarrollo histórico para

situarnos (reconocernos) como parte de
un proceso de conocimiento/
un contexto social/ en el
siglo XXI/ en
Tijuana/y como
estudiantes de historia


en el proceso construímos una pregunta de investigación,

leemos a nuestros clásicos.


Wallerstein provocó. El grupo piensa que el capítulo “Debates en las ciencias sociales, de 1945 hasta el presente” responde a las siguientes preguntas:


¿De qué forma las ciencias sociales han modificado nuestra propia comprensión del mundo? ¿De qué forma el mundo y sus procesos han modificado las ciencias sociales?
¿Qué tanto la inclusión de grupos, voces o sectores ha modificado a las ciencias? ¿La ha hecho “más universal”?
¿Es posible lograr el universalismo en las ciencias sociales sin que este implique la imposición de un grupo?

Alejandra Ortiz


Más allá de la cuestión epistemológica, ¿qué factores determinan el curso y la evolución de las ciencias sociales?
¿Hasta que punto es valido hablar de objetividad y universalidad en las ciencias?

Pedro Espinoza


¿Es posible impulsar un universalismo pluralista?
Universalismo y particularismo no son necesariamente opuestos, ¿cómo podemos ir más allá de ese marco limitante?
¿Existe un universalismo más profundo que va más allá de los universalismos formalistas de las sociedades y del pensamiento moderno, y que acepte contradicciones dentro de su universalidad?

Fernando Escobedo


¿Es posible lo universal o se trata de una utopía más?

Uriel Cárdenas


¿Cuál es la situación de las ciencias sociales, su legitimación, su universalidad y funcionalidad en un contexto posmoderno de progreso tecnológico y crisis ecológica que cuestiona precisamente la universalidad y la objetividad?

Abbdiel Espinoza


¿Son las ciencias sociales una herramienta importante para cualquier historiador?
¿Existe una oposición entre universalismo y particularismo?

Edgar Franco


¿Las ciencias sociales pueden llegar a poseer un conocimiento universal?

Xochitl García


¿Por qué existe la duda acerca del conocimiento universal y la universalidad?

Carlos Ramírez


¿Desde qué perspectiva plantear la cuestión de la universalidad? ¿occidental o “no” occidental?
¿La problemática de las ciencias exactas y las ciencias sociales tiene una referencia común?

Sarai Espinoza


¿Cómo afecta al hombre la velocidad del cambio científico y tecnológico, una constante cada vez más corta?

Sergio Vicencio



¿Llegará el momento en que las ciencias sociales sean lo suficiente importantes y reconocidas por la sociedad?
Hacia finales de esta década, ¿cuál es el devenir de las ciencias sociales?

Daniel López


¿Cuáles son las fuentes que se habían tomado para que el conocimiento adquiriera un carácter universal?
¿Al cuestionar una sociedad moderna, nos enajenamos de aquel mundo que está en el pasado?
¿La descolonización del mundo, influyente en las ciencias sociales, permitirá un conocimiento universal?

Tomas Alba


¿Cómo se puede relacionar la religión o los dogmas religiosos de acuerdo con la universalidad de las creencias sociales con estas ideas que se plantean muy occidentales, es decir, la religión o las religiones entre países colonizados y colonizadores?

Salvador Palomares



Immanuel Wallerstein (1996) “2. Debates en las ciencias sociales, de 1945 hasta el presente”, en Abrir las ciencias sociales. Informe de la Comisión Gulbenkian para la reestructuración de las ciencias sociales. México: Siglo XXI editores, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades, UNAM.

Leer también:

Immanuel Wallerstein (2002) Conocer el mundo, saber el mundo: el fin de lo aprendido. Una ciencia social para el siglo XXI. México: Siglo XXI editores, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, UNAM.