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29 de mayo de 2009

LAS MUJERES EN LA ESFERA PÚBLICA Y PRIVADA

Por: Alberto Díaz Ramírez*
El camino que han recorrido las mujeres para alcanzar la emancipación y el reconocimiento social en un mundo dominado por hombres, ha sido difícil. La aparición de la mujer en la esfera pública y la apropiación del espacio son elementos de reciente construcción. Michelle Perrot deja entrever en este capítulo[1] como la mujer se atrevió a salir del círculo trazado alrededor de ella, en la Francia revolucionaria y la Inglaterra Industrial de principios del siglo XIX.
La mujer europea fue estereotipada a las obras de caridad, la educación de los hijos y soportar las borracheras de sus esposos. Confinadas al hogar, a las labores sociales y en el mayor de los casos a trabajar en los hospitales como enfermeras. No obstante, eran personas sin voz ni voto, ni que decir del reconocimiento como ciudadanas, les era restringido hacer mítines o luchar por demandas a su favor. Fueron excluidas del espacio público, en los talleres y fábricas eran recurrentes el abuso y las malas condiciones, además de la explotación laboral con horarios extensivos. El viajar o emigrar era mal visto y si lo hacían se les catalogaba de manera ofensiva.
Sin embargo, ante tal escenario adverso, Perrot, nos hace una descripción muy erudita de la lucha incesante que hicieron las mujeres de la nobleza como las obreras, bajo la consigna de libertad e igualdad. Logrando la transformación tanto el espacio privado como la esfera pública, permitiendo el reconocimiento social de sus derechos como ciudadanas y sobre todo su conciencia de género. Basadas en torno al movimiento feminista que alcanzaría grandes dimensiones tanto en Europa, como en los Estados Unidos.
La actitud dócil y tímida se volcó enérgica, ahora la mujer se subía al estrado con voz firme y vigorizante. Demandaban el acceso a todos los empleos públicos y civiles. Algunas incluso participaron en el ejército en pro y lucha de su patria, codo a codo con el hombre, en términos de igualdad. Las ideas socialistas influenciaron a muchas mujeres, quienes buscaron un cambio trascendental, logrando el reconocimiento al voto, en Francia. Perfilándose a la apropiación del espacio y la opinión pública, que antes les había sido vedado y configurando su emancipación y libertad en las postrimerías del siglo XIX.
* Seminario de Historia Cultural 26/05/2009.
[1] Perrot, Michelle. “Salir”, en Historia de las mujeres en Occidente. Madrid: Taurus, 1993. pp.155-189.

2 de diciembre de 2008

Salir, de Michelle Perrot.

Comentario por Sarai Espinoza.


"Salir".

En el capítulo “Salir” Michelle Perrot realiza un estudio acerca de las transformaciones de las que fueron objeto las mujeres durante el siglo XIX. Sobre todo hace referencia a las mujeres europeas y norteamericanas que como el titulo mismo lo dice, modificaron sus estructuras y su desarrollo como miembro activo de la sociedad; en su mayoría una sociedad determinada por la masculinidad. Es decir, la mujer dejó de tener una imagen inerte, vacía y determinada para encaminarse a otra clase de percepción inclusive de sí misma.

Perrot parte su investigación desde la ciudad, debido a que esta estructura se convierte en el primer eje de “liberación” de las mujeres. Uno de los primeros medios para desenvolver en el ámbito citadino fue la caridad. Mediante la caridad las mujeres podían visitar enfermos, cárceles, pobres, etc., situación que les permitía moverse constantemente de sitios con el fin de colaborar con el prójimo (Michelle Perrot, 156).

Las mujeres, según Perrot, no tendrían que esperar ningún beneficio a cambio de la caridad, el simple hecho de contribuir con la ciudad a través de este medio las llevaba -de alguna manera- tener beneficios personales. Gracias a la caridad las mujeres pudieron construir una imagen particular de su sociedad, modificar su percepción acerca de ellas mismas y, sobre todo vincularse más rápidamente con su entorno social. Por otro lado Perrot señala que “la filantropía deja de ser solo filantropía para convertirse en trabajo social”; siendo esta una posible primera forma de insertarse en las formas laborales de la época.

Sin embargo la filantropía no se manejaba igualitariamente en todas las esferas sociales, debido a que la experiencia que les pudiese dejar a unas u otras era completamente distinta. Por un lado a las mujeres burguesas les brindó la posibilidad de desarrollarse en otras áreas como la administrativa, financiera, de la comunicación, entre otras. Sin embargo en un mundo dominado por hombres, el ascender en esa clase de puestos era complicado, casi imposible, hecho que llevó a que se planteara la posibilidad de obtener reconocimiento académico-profesional con vistas a figurar dentro de una escala social determinada y ejecutada por el sexo opuesto(Ibíd., 160) .

Esta inserción de la mujer en sociedad se puede ver reflejada en el aspecto laboral, sobre todo con las obreras. Las obreras comienzan a constituir una fuerza de trabajo importante, inclusive con la capacidad como para generar sus propios sindicatos y efectuar huelgas. Además la misma época, de alguna forma, exige que las mujeres trabajen no solo para participar en el hogar sino también para formar sus propios espacios de pertenencia y crecimiento (Ibíd., 165).
Otro de los temas que desarrolla Perrot, se centra en la implicación del espacio: migraciones y viajes. ¿Por qué podrían ser relevantes los viajes y las migraciones en el desarrollo de las mujeres?, ¿Pudo llevar este hecho a la construcción de una “nueva” femineidad, más libre, más capaz, mas visionaria? Estas dos preguntas nos llevan a una problemática interesante, primero comprender que relevancia tiene el conocer y segundo, si esto último realmente contribuyó a la formación social, política y cultural de la mujer.

De alguna forma el que las mujeres tuvieran durante el siglo XIX la oportunidad de conocer diversas formas sociales, de interacción humana, religiosas, etc., contribuye a modificar su estructura de lo ya conocido para interactuar en eso “nuevo” que ahora le genera interés (Ibíd., 169). Por otro lado el dar por hecho que se concibe o construye una nueva mujer, es posible e “imposible” a la vez. Es posible para aquellas mujeres que tienen la capacidad de viajar y relacionarse laboral o socialmente, y resulta imposible para aquellas que viven bajo el yugo de llevar una casa, una familia y un marido. Aunque me resulta fundamental señalar que el simple hecho de relacionarte con alguien ajeno a ti, permite que concibas las imágenes, las personas e inclusive el mundo de otra forma.

Otra de las cuestiones que aborda la autora es la participación que tuvieron las mujeres en las luchas de independencia nacional y en las revoluciones. Ya no fueron solo espectadores sino que contribuyeron activamente a sus países mediante la enfermería, cocineras, unas pocas con las armas (caso de Grecia), y otras con la palabra. Este hecho de alguna manera rompe con el esquema convencional de la mujer como imagen tranquila, hogareña, etc.

Por último la palabra “Salir” en este capítulo refleja el cambio estructural que hubo en las mujeres. Salir no sería sólo dejar el hogar, viajar, trabajar, salir representaba la idea de modificar la relación hombre-mujer, pero sobre todo cambiar la relación mujer-sociedad ya no sólo como creadora de hogares sino también como ser pensante, activo e individual.

1 de diciembre de 2008

Reporte y comentario de lectura sobre “Salir” de Michell Perrot

Por Pedro Espinoza Meléndez

Hablar de la historia de las mujeres es un campo nuevo dentro de la historiografía. Se trata de un área poco estudiada pero que puede ofrecernos valiosas aportaciones hacia la disciplina. Entre la historia de las mentalidades y la nueva historia cultural, el texto de Michelle Perrot nos deja ver una dimensión distinta de la lucha que ha existido entre lo hegemónico y lo subalterno, partiendo no de las clases sociales, sino de la construcción del género femenino a lo largo del tiempo.
Las representaciones sociales, los imaginarios y los significados juegan un papel fundamental a lo largo de la lectura, que a grandes rasgos, nos expone como ha ido cambiando lo que significa ser mujer, y como dicho cambio ha sido consecuencia tanto de los procesos históricos como de la lucha emprendida por éste genero.

El mismo título general de la obra puede decirnos bastante. Hablar de occidente nos remite a una cultura patriarcal (por no decir machista), donde la visión hegemónica del mundo es construida por varones. Religión, Moral, Legislación… inclusive la historiografía occidental es masculina por tradición. ¿Qué es lo que ha ocurrido para que las mujeres hoy en día hayan adquirido un lugar en la vida pública? Lo narrado por Michelle Perrot es el proceso por medio del cual la mujer “salió”; salió del hogar, del núcleo de la familia patriarcal, del control masculino…

Si bien no existe una relación directa entre el movimiento feminista de la segunda mitad del siglo XX y los episodios descritos en el texto, se trata de acontecimientos y procesos que sentaron las bases para lo que puede considerarse una “conciencia de género” (de manera análoga a lo que se conoce como conciencia de clase).
La filantropía y las labores de caridad fueron, de acuerdo a lo planteado por la autora, los primeros espacios públicos en los que las mujeres se insertaron, constituyendo lo que después se denominó trabajo social. Al mismo tiempo, se identifica el papel de las mujeres dentro de los movimientos obreros, y de su lucha por tomar un lugar dentro de los movimientos sociales, los sindicatos y las huelgas. Si bien se trataba de organizaciones de las clases subalternas, y que se podían llegar a identificar con las mujeres por su posición secundaria, existía una prohibición -no escrita- a la participación femenina en dichas organizaciones. El papel de las mujeres en asuntos políticos y económicos tendía a ser visto como una forma irracional de actuar.

La oportunidad de viajar, aunque inicialmente fue más por necesidad y obligación, brindó a las mujeres la posibilidad de conocer nuevos horizontes, nuevas realidades, de ver el mundo de una manera distinta a tradicionalmente instituido. Si bien, no era visto como algo propio el desplazamiento de las mujeres, lo relatado por ellas mismas nos da a entender la trascendencia que tuvo para ellas la experiencia de viajar. Dentro de las clases bajas, las migraciones obligaron a muchas mujeres a desplazarse, mientras que entre las elites los viajes llegaron a darse por otras razones. Lo cierto es que con este tipo de experiencias, las mujeres afirmaron su libertad individual, rompiendo con las barreras sexuales establecidas, y brindando una perspectiva completamente distinta a la experiencia masculina de los viajes y migraciones.

Hay ciertos aspectos que determinan la manera en que se concibe a la mujer dentro de la sociedad. La autora hace una mención constante del mundo católico y el mundo protestante, categorías que no se limitan a lo religioso, sino que tienen que ver con tradiciones culturales y formas de pensamiento arraigadas en este tipo de sociedades. Casi siempre las católicas son recordadas por ser más conservadoras y tradicionalistas, aunque el peso patriarcal persiste en ambas.

La historia de género es una perspectiva relativamente nueva, pero no por ello menos importante. Pensar desde esta postura nos hace cuestionarnos sobre la forma tradicional de hacer historia, de la que podría llegar a decirse que ha sido selectiva, excluyente, inclusive machista. ¿Hubo Renacimiento, Ilustración o Revoluciones para las mujeres? ¿Cómo entendieron y vivieron las mujeres los procesos históricos más importantes? ¿Cómo viven y entienden la crisis de la posmodernidad? Son preguntas que tal vez no se han respondido en su totalidad, pero que podemos tener la certeza de que lo hicieron de una forma muy distinta a la que los varones lo hechos vivido, y por consiguiente, relatado.
Perrot, Michell “Salir”, Historia de las mujeres en occidente, t.8, dir. Por George Duby y Michell Perrot. Madrid: Taurus, 1993.

Ni un paso atrás


*Por Abdiel Espinoza González

Una historia de pequeños pasos, de cambios profundos en la mentalidad y las estructuras de la sociedad en periodos de larga duración, dentro de la corriente de la historia de los Annales, es lo que Michelle Perrot nos presenta en este capitulo de la obra Historia de las mujeres en Occidente.[1] La mujer europea del siglo XIX es, según Perrot, un agente o actriz social, que entró a escena recientemente y con paso firme.

¿Cómo hacer una historia de las mujeres? ¿Qué elementos considerar? Personalmente no sabría cómo responder a estas dos preguntas, sin embargo, Perrot aborda el estudio de las mujeres iniciando con encontrarlas en los espacios que la cultura les había destinado como propios del género: el hogar, una vez halladas ahí, se da a la tarea de presentarnos la forma en la que ellas van “saliendo” del olvido y se integran a la sociedad, aprovechando las oportunidades que se les presentaron “[…] las mujeres supieron apoderarse de los espacios que se les dejaba o se les confiaba, y desarrollar su influencia hasta las puertas mismas del poder.”,[2] modificando estructuras mentales, la relación entre los géneros y las propias relaciones de poder.

Resulta interesante como la Perrot otorga importancia a los espacios y prácticas sociales que las mujeres logran conseguir, mantener y extender, como factores de identidad, por medio de los cuales las mujeres comienzan a tener “consciencia de ellas mismas a partir de ellas mismas” y construyen una esfera de acción práctica e ideológica, que por supuesto, es considerada como transgresora para la cultura y el mundo representado por el género masculino en donde cada vez se van sintiendo menos representadas y más obligadas a participar.

La mentalidad, o las mentalidades, referente a lo qué es ser mujer están construidas a partir de las nuevas experiencias que van vivenciando y que transforman su forma de pensar, entenderse y representarse ante el mundo que hasta ese momento no las había considerado, experiencias como abrir su campo de acción a la sociedad por medio de las instituciones de caridad, las migraciones y los viajes.

Construirse una identidad propia a partir de nuevas prácticas sociales lleva a las mujeres al centro de las relaciones de poder, porque la existencia de una identidad ajena a la masculina que concibe el presente, interpreta el pasado, construye futuro y otorga significados específicos a determinadas prácticas, obliga a replantear todo la concepción que hasta el momento se tiene de la propia historia y de la misma relación entre los géneros.

La historia por consecuencia, ya no puede concebir a las mujeres como un grupo social ajeno al advenir de la historia, como un agente pasivo que se deja llevar con las circunstancias del entorno, sino se debe dar la tarea de rescatar el papel de actrices sociales que las mujeres representaron en el pasado y cómo ellas mismas han contribuido al desarrollo de la misma historia.


[1] Michelle Perrot, “Salir”, en Historia de las mujeres en Occidente, Michelle Perrot y George Duby, España: Taurus, 19--, 155-189.

[2] Ibid, 155

30 de noviembre de 2008

El “Salir” de las Mujeres: Nuestra historia

Por Alejandra Ortiz Chacón

Me atrevo a utilizar el término “nuestra historia” porque considero, como lo plantea Michelle Perrot, que es la toma de conciencia en cuanto al lugar que ocupa la mujer en la historia lo que le permite “salir”, aludiendo al título del texto analizado.[1]

Aún cuando este capítulo plantee la historia de las mujeres principalmente en Occidente, Europa y más específicamente Francia, la forma en que se les estudia (en cuanto a perspectiva y metodología) puede aplicar a los países latinoamericanos, como ya se ha hecho.[2]

Sobre la autora y su obra en contexto

Michelle Perrot es una de las principales exponentes de la Historia de las Mujeres. Su obra principal, la Historia de las Mujeres en Occidente (1990-1), a la que pertenece este capítulo fue dirigida junto a George Duby de la Escuela de los Annales. Perrot nació en 1928 en París, es doctora en Historia; sus trabajos han estado relacionados con movimientos obreros, el sistema penitenciario, así cómo el género y las mujeres, temas trabajados a partir de la década de los setentas. Entre algunas de sus obras principales se encuentra Les ouviries en greve (1974), Les ombres de la Histoire, Crime et chatiment au XIXe siecle, Les femmes ou les silences de l´ Histoire (2001), y Femmes publiques (2003). [3]

Uno de sus principales cuestionamientos al inicio de la Historia de las Mujeres era reconocer la posibilidad de ellas como un objeto de estudio, y no tan sólo como un factor auxiliar y necesario de comprender.Los antecedentes intelectuales de Perrot, evidentes en sus escritos, son la Escuela de los Annales con la historia de las mentalidades, la historia social marxista con la historia desde abajo, la historia de la vida cotidiana, los escritos de Michel Foucalt y las relaciones de poder, así como la influencia de los movimientos feministas y lo que esto generó en la sociedad y la academia.[4]

El “descubrimiento” de las feministas, con ayuda de la antropología es que el género, a diferencia del sexo es una construcción cultural que debe ser comprendida según el tiempo y el espacio. Para ello, lo que Perrot nos presenta en el capítulo “Salir” es un panorama sobre las representaciones de la mujer y lo femenino durante el siglo XIX francés.

Las “salidas” de la Mujer en “Salir”

Desde el título, esta obra nos transporta más allá de lo descriptivo, el “salir” es para Perrot la representación de una búsqueda, una transgresión, una transformación y el inicio de una toma de conciencia. En sus propias palabras:


"…intentaron “salir” de allí para tener, “por fin, sitio por doquier”. Salir físicamente: deambular fuera de su casa, en la calle, o penetrar en los lugares prohibidos –un café, un mitin-, viajar. Salir moralmente de los roles que les son asignados, formarse una opinión, pasar del sometimiento a la independencia, lo cual puede hacer tanto en público como en privado. He aquí algunas de las excursiones." [5]

Con esto, nos introducimos a su capítulo. Observaremos en términos generales su estructura, la forma de presentación, así como la manera en que la mujer se convierte en un sujeto social y las relaciones de poder entre los géneros.

En la primera sección del capítulo, En la ciudad, se explora la filantropía y la caridad como las primeras posibilidades de que las mujeres ocuparan el espacio público en la prolongación de las tareas domésticas extendidas a la ciudad. De igual forma se busca encontrar una imagen de la feminidad en las obreras, las cuales difícilmente encuentran su lugar en un mundo construido para el hombre, “…la identidad obrera se construye de acuerdo con la modalidad de lo viril, tanto en el ámbito de lo cotidiano y lo privado como de lo público y lo político.” [6] Las huelgas y los sindicatos fueron espacios prohibidos para la mujer, pero en su participación lograron desafiar a la opinión pública aún cuando no quedó testimonio de su accionar, demostrando así que “aún la memoria las ignora”.

En un segundo apartado, La ampliación del espacio: migraciones y viajes, nos presenta las
consecuencias de que las mujeres salieran literalmente de sus hogares y lugares comunes, ya sea por necesidad o placer. “Migrantes por necesidad económica o política, también fueron viajeras por obligación y no por elección, lo que no careció de consecuencias para su visión de mundo. [7]

Las mujeres que salieron de sus pueblos y comunidades, como parte de un proceso económico e histórico de recomposición social conllevó nuevas experiencias: la ruptura de su mundo limitado y las ubicó a la “vanguardia” de las prácticas urbanas. Esto transformó las formas de representación de lo femenino, aún cuando no se les hiciera justicia a través de la manera en que otros representaban a la mujer. Un ejemplo de ello fue el misógino western, pero que al mismo tiempo plantea la importancia de observar cierto tipo de fuentes como las novelas y pinturas para ver las representaciones que se tenían de las mujeres por los hombres. En otras cuestiones, los viajes de placer fueron quizá los más transgresores, pues el deseo de partir de una mujer tiene que ver con “dejar” de lado el rol social dado e ir en contra de la opinión pública exponiéndose a nuevas experiencias y abriendo su mundo a nuevas expectativas.

En el último apartado, Las rupturas del tiempo, las preguntas de Michelle Perrot se articulan de la siguiente manera: “¿Qué tipo de ruptura favorece, en el siglo XIX, el surgimiento de las mujeres en el espacio público y, sobre todo, político? ¿Qué es lo que, a este respecto, modifica las relaciones de los sexos?” [8]

Hacia al final del texto ella recapitula sobre lo ya dicho y enumera “acontecimientos” que considera esenciales para explicar la ruptura y el surgimiento de las mujeres en el espacio público. Estos acontecimientos van desde lo educativo hasta las guerras, pasando por el aspecto jurídico, biológico y religioso. Según nuestra autora, en cada uno de estos ámbitos la participación de la mujer es requerida y su actuar modifica la concepción sobre sí misma. Incluso, la posterior negación de su papel como agente social, tal como sucede después de la Revolución Francesa, ayuda en la toma de conciencia sobre el “nosotras” que había sido pisoteado. En lo biológico, las diferentes epidemias le permiten salir de casa para ocuparse de los enfermos al igual que en las guerras y le plantean también la necesidad de gestionar recursos. Pero al final de cuentas, son los hombres quienes se llevan todo el crédito a cuesta del trabajo de “ellas”. Como lo menciona Perrot, esto genera un cambio en las mujeres y ya no pueden seguir siendo las mismas aún cuando regresan a sus antiguos roles.

“…las relaciones entre los sexos aparecen en la historia como un proceso dinámico, alimentado de conflictos que hacen surgir una gran cantidad de rupturas de importancia desigual y de tipos muy variados.” [9]

Con esto, la Historia de las mujeres está inscrita en el entendimiento sobre las relaciones de géneros, pero no para complementar a la Historia sino en la búsqueda de la memoria que teje la realidad desde la perspectiva femenina y que se construye en su propio horizonte.

Comentarios Finales

Este texto representa una verdadera joya para la historiografía, por una lado nos muestra el objeto de estudio, la perspectiva y la metodología que utiliza la Historia de las Mujeres y por otro, hace evidente el surgimiento de la conciencia de género que llevaría en su seno al movimiento feminista que ve nacer este tipo de lectura sobre la realidad. Perrot trae consigo un legado de la historia de las mentalidades, la vida cotidiana, la historia desde abajo y las representaciones, que logra muy bien conjugar en su análisis con los diferentes puntos de vista que se requieren para la comprensión de las relaciones de poder y la forma en que se construye el espacio publico. La obra en sí, busca reivindicar a la mujer no cómo un factor más en la historia sino como actrices sociales, que de forma clara (después de lectura de actas sindicales, diarios, cartas, pinturas, etc) fueron agentes de cambio en sus formas de “salir”, transgredir, hablar, vivir y representarse a sí mismas.
_________________________
1. Reporte del capítulo: Michelle Perrot, “Salir” en Historia de las Mujeres en Occidente (Madrid: Taurus, 1994).
2. Carmen Ramos Escandon, “La nueva historia, el feminismo y la mujer” en Género e Historia (México: Instituto Mora, 1992.
3. Sitio web del Fondo de Cultura Económica, “Autor”,
http://www.fce.com.ar/ar/autores/autor_detalle.aspx?idAutor=2289 (acceso 2 de noviembre, 2008).
4. Gabriela Cano “Historia de las mujeres en Occidente, de George Duby y Michelle Perrot”, Letras Libres, Abril, 2001,
http://www.letraslibres.com/index.php?art=6789 (acceso 2 de noviembre, 2008).
5. Michelle Perrot, “Salir” en Historia de las Mujeres en Occidente (Madrid: Taurus, 1994), 255.
6. Ibid., 162.
7. Ibid., 168.
8. Ibid., 177.
9. Ibid., 186.

18 de noviembre de 2008

Michelle Perrot: "Salir"

Reporte de lectura.

Por Carlos Salas Contreras

Los autores en este capitulo tratan de ilustrar la diversidad de condiciones sociales, creencias religiosas, tradiciones culturales y trayectorias individuales de las mujeres y mostrar que ni la condición femenina ni la condición tienen una esencia que las defina, sino que son construcciones históricas estrechamente relacionadas entre sí, y que a través de la historia de mujeres, es importante ver como la historiografía se hace presente en la historia de las mujeres de occidente. Por otra parte los autores hacen énfasis en la historia mundial de las mujeres, que no creo que sea mundial, ya que estos autores, su análisis, principalmente lo basan, y lo abordan más, desarrollándolo principalmente en Europa occidental.

Estos dos autores nos presentan una historiografía en la que las mujeres ocupan el lugar central en esta historia de las mujeres,los autores a su vez profundizan en momentos históricos significativos, como lo fue la sexualidad del siglo XIX,y las mujeres que ocupan la parte principal del relato como protagonistas que influyen y, a la vez, reciben la influencia de su entorno histórico, empieza con Judith Walkowitz aborda otro ángulo de las relaciones sociales de género al analizar las "Sexualidades peligrosas" —prostitución y homosexualidad— que con el crecimiento que se dio de la industrialización se presentó a la par un crecimiento de este fenómeno, arriba señalado nos dice que para citar a los historiadores Kathy Peiss y Cristina Simmons,dice que la sexualidad no es "una realidad biológica inmutable ni una fuerza universal de la naturaleza",si no mas bien el "resultado de un proceso politica,social,economico y cultural",esto quiere decir que la sexualidad tiene una historia". (Perrot 2001, 63).

Ya que en el siglo XIX las culturas sexuales ejemplificaban el carácter de construcción social propio de la sexualidad que se presentaba en ese momento, así mismo la sexualidad construyó un fuerte tema de discusión tanto en el terreno público como en el privado, ya que por este motivo se desarrollaron una serie de conflictos en referencia al sexo,a la clase social y a la raza.Ya que cuando la sociedad de esa época hablaba de sexo era motivo de luchas que de alguna manera, se hacia referencia al peligro sexual,a la proliferación de practicas sexuales fuera de la santidad del hogar,ya que una serie de acontecimientos con respecto a la sexualidad no procreadora, ya que ponía en evidencia al lecho matrimonial, esto por la baja en la tasa de natalidad.El sexo no procreador en el matrimonio para la sociedad de la época fue un hecho que resulto junto con la expansión del sexo comercial, el homosexualismo, la heterosexualidad, junto con la negatividad de la sexualidad femenina no reproductora,se convirtió en una transgresión sexual que limitaba la libertad sexual de la mujer en esa época.

La historia de las sexualidades peligrosas en el siglo XIX fue un complicado proceso de negociación cultural y de debate en la formación de la sexualidad de esa época.Ya que los intercambios y las disputas culturales en torno y con respecto a las sexualidades femeninas peligrosas, se hicieron presente en todos los niveles sociales y en los múltiples espacios urbanos.Por lo tanto podemos ver que el siglo XIX fue un momento histórico muy importante ya que las mujeres de clase media consiguieron acceder al espacio publico para hablar de cuestiones sexuales, gracias a los medios de comunicación y a la opinión publica de la época, que sin embargo esta libertad se veía limitada por la cultura de esa época.

Los autores nos hablan del papel que desempeñaban las prostitutas, ya que las mujeres de la clase media organizaban su identidad en torno a la figura de la mujer caída, ya que la mayoría de las mujeres aceptaban a la prostituta como otra, degradada, la envilecida alternativa sexualizada a la feminidad materna y domestica. (Ibid., 76). Por su parte el aborto así como la prostitución a pesar de que era ilegal durante el siglo XIX,era una practica perfectamente conocida, negocio muy prospero en Europa y en los Estados Unidos.

El desarrollo del feminismo histórico pone de relieve como desde las coordenadas de una clase social o desde el conservadurismo político, algunas mujeres cuestionaron las restricciones de género de su sociedad y abrieron nuevos cauces en sus ámbitos culturales, sociales y laborales. Aunque no fueron partidarias del principio de la igualdad entre hombres y mujeres, estipularon su derecho a un rol activo en la esfera pública en los terrenos educativos, culturales y de asistencia social. Exigieron un reconocimiento del trabajo de las mujeres, un estatus social mejorado y su derecho a un rol activo en muchos campos socio-culturales. Aunque no discutieron el monopolio masculino del mundo de la política, disputaron las normas culturales de género que restringían sus actividades al ámbito doméstico y forjaron nuevos espacios de actividad femenina en el dominio público. Asumieron su rol de género en la casa como madres y esposas, pero no se limitaron a ser "ángeles del hogar". Cuestionaron la separación de las esferas, postulado básico del discurso de la domesticidad, y reclamaron su rol en la esfera pública. Es cierto que su presencia pública fue limitada y que tampoco marcó una ruptura global con los modelos de género pero sus demandas y práctica hicieron patentes ciertas transgresiones de las normas y valores de género establecidos. (Ibid., 283).

En conclusión el desarrollo del feminismo histórico abrió un proceso de aprendizaje y de concienciación feminista que podía plasmarse en el cambio que se dio en el siglo XIX, y que permitió que la mujer tuviera mas presencia en la vida social de una sociedad que relegaba a la mujer a un segundo plano.


Michelle Perrot. 1993. "Salir", en Historia de las mujeres en occidente, dir. por Georges Duby y Michelle Perrot. Madrid: Taurus.